miércoles, 3 de abril de 2013

Museo ARQUA de Cartagena 4

Ataifor con representación de nave.

Del siglo XI, hallado en Escombreras (Cartagena). Durante las campañas de excavación arqueológica realizadas en la Isla de Escombreras (situada en la entrada del puerto de Cartagena), se recuperaron interesantes elementos cerámicos, siendo ésta una de las piezas destacadas.

Está elaborado en loza decorada en verde y morado sobre blanco. Se trata de una pieza de origen mallorquín, con paralelos en los alfares de Denia y en los famosos bacini usados para decorar algunas iglesias de Pisa.

El artesano quiso representar uno de los buques que surcaban los mares mediterráneos durante los siglos XI y XII, en este caso un navío de 3 palos aparejado con vela latina, del que se puede apreciar la proa y el castillete de popa.

En la Edad Media, el Mediterráneo se convirtió en un mar dividido entre musulmanes y cristianos. Las rutas marítimas que conectaban los puertos situados entre el sureste de la Península Ibérica y el Norte de África fueron básicamente monopolizadas por los navegantes islámicos hasta el siglo XIII.



Ancla.

Llegamos al final de la exposición del Museo y nos encontramos con este ancla procedente de una de las fragatas españolas que naufragaron frente a la costa atlántica de Estados Unidos a mediados del siglo XVIII y comienzos del XIX: la fragata Galga y la fragata Juno respectivamente.

Entre los siglos XVI y XIX, las posesiones territoriales de la Monarquia Española por todo el mundo hicieron esenciales las relaciones por vía marítima de la metrópoli con los territorios americanos hasta su independencia.

Las fragatas Galga y Juno fueron dos de los buques destinados a la escolta de los convoyes intraoceánicos. La primera se hundió durante una tormenta en 1750, frente a las costas de las actuales Maryland y Virgina (Estados Unidos). La fragata Juno se hundió en 1802 en las costas de Virginia, cuando realizaba un viaje de retorno a Cádiz.

A finales del siglo XX, la Corte Federal de los Estados Unidos, tras un largo pleito, reconocía los derechos del Reino de España sobre los pecios de estas dos fragatas, encontrados por la empresa cazatesoros "Sea Hunter".

La presencia de esta pieza en las colecciones del Museo (la otra está en otro Museo de Virginia, como muestra de agradecimiento), supone la prueba del esfuerzo realizado por el mismo para garantizar la protección y salvaguardia de nuestro Patrimonio Cultural Subacuático.