martes, 3 de junio de 2008

Ruta de senderismo: Sierra del Carche - Jumilla

Nueva jornada de autobús en la que, de nuevo, pasamos más tiempo en él que luego andando. Esta vez el destino es la Sierra del Carche, junto a la ciudad de Jumilla, en el Nordeste murciano, a 69 kilómetros de Murcia y a 120 de Cartagena.

Antes de llegar al punto de partida, paramos en un restaurante de carretera cercano a Jumilla para recoger a Antonio, un guía de montaña de esta localidad, que nos va a servir de guía y anfitrión en nuestro recorrido de esta mañana por esta sierra.

Con Antonio a bordo del autobús para indicarnos el camino, salimos de nuevo a la carretera y poco más adelante del restaurante cogemos a la derecha el cruce de Pinoso y unos centenares de metros después, nos desviamos a la izquierda, por una carretera que lleva a las salinas de "Jumisal S.A.", según pone el indicador de la carretera. Lo llamo carretera por llamarla de alguna forma y porque está asfaltada, pero es muy estrecha (solo cabe el autobús), con firme en no muy buen estado y muchas curvas, además de fuertes pendientes (bueno, fuertes pendientes para el autobús cargado de gente).

4 kilómetros transitando por esta carretera y llegamos a las instalaciones de la empresa salinera que nunca pensé que podría existir en estas tierras, tan alejadas de la costa y del mar, que es la fuente natural de la sal. Parece ser que el agua procede de unos manantiales subterráneos, que son conducidos a extensas balsas donde la evaporación hace el resto el resto del trabajo (como en todas las salinas). Este agua, sin ser agua marina, tiene bastante concentración de sales, o al menos lo suficiente como para que sea rentable su extracción y posterior envasado. Lo que desconocemos es si sólo es Cloruro Sódico o lleva también otros tipos de sales y si la sal que se obtiene es para el consumo humano o tiene otros fines. Todos estos detalles tampoco nos los supo explicar el guía.

El autobús se queda en una gran explanada de estas instalaciones y nosotros comenzamos nuestra marcha aproximadamente a las 11 de la mañana. La altura en el punto de comienzo es de 600 metros s.n.m. El día es fresco y está nublado amenazando tormenta. Iniciamos esta marcha por "una senda que no es senda", es decir, atravesando montes y bancales de almendros, con una fuerte pendiente, eso sí, que nos pilla de improviso, en frío, tras más de dos horas de autobús y nos resiente un poquito.

Tras un corto tramo de rocas, un tanto difícil de subir, llegamos a una cómoda y ancha pista forestal, a 700 metros de altitud, donde nos reagrupamos. Formamos aquí dos grupos: los que han tenido dificultades en esta última subida (5 en total) forman un pequeño grupo con uno de nuestros guías y continúan ascendiendo por la pista de tierra. El resto (prácticamente todos) continuamos con Antonio por lo que llaman "la senda de los leñadores".

Esta senda sí está bien marcada y señalizada con frecuentes mojones de piedra. No es un sendero propiamente dicho ni está marcada como tal (con las rayas blancas y amarillas) porque en esta sierra del Carche (que es un parque Regional) aún no hay catalogado y homologado ningún sendero (a pesar de ser muchos los que la recorren, además de la pista forestal, que lleva hasta la cumbre, a 1371 metros de altura).

Prácticamente durante toda la ascensión, la densa pinada nos impide ver el paisaje. Según nos cuenta el guía, pasamos junto al Barranco del Infierno y transitamos por zonas donde abundan los fósiles marinos. Parece ser que esta zona estuvo sumergida y de ahí la existencia de estos fósiles (quizás, y esto es suposición mía, que las aguas salinas tengan algo que ver también con esta circunstancia). Pero es difícil de imaginar que esta zona que ahora está a más de 1.000 metros de altitud y tan retirada de la costa mediterránea, hubo un día en que estaba cubierta por las aguas de este Mar Mediterráneo.

Para confirmar lo que nos dice Antonio, encontramos algunos fósiles de lo que podrían haber sido almejas u otra clase de molusco, y que los guardan como recuerdo los afortunados descubridores. Yo también tengo ocasión de ver y grabar un fósil de lo que parece ser un "Nautilus" pero no lo guardo debido a su gran tamaño y peso.

Nos llama la atención algunos pinos numerados y la explicación está en que son puestos de cazadores para la caza del jabalí. Durante la ascensión, paramos en dos ocasiones en sendos collados donde se abre algo la pinada y nos deja ver el paisaje, básicamente una llanura extensa y despoblada, el núcleo urbano de Jumilla al pie de una montaña donde se eleva un castillo y los barrancos llenos de pinos del Carche con las cumbres de esta sierra donde ya se puede apreciar (debido a la proximidad en que nos encontramos) las antenas (supongo que repetidor de T.V.) y una construcción de madera con el tejado en V invertida con gran inclinación (típico estilo de alta montaña, para evitar la acumulación de nieve) que era en su día un puesto de guardabosques, pero que ahora está abandonada y ha sido sustituida por otras torres de vigilancia colocadas en diferentes cumbres.

Llegamos de nuevo a la pista forestal y giramos a la izquierda por ella, continuando ascendiendo hasta llegar a un paraje donde está un pozo que según el cartel es el pozo de la Nieve, pero que resulta ser en realidad el "pozo del Mosquito", pues los pozos de las nieves están algo más arriba y son construcciones de piedra similares a los que vemos en Sierra Espuña. Esto de aquí es un aljibe destinado a recoger el agua de lluvia que corre por las laderas de la montaña.

Estamos a poco más de 1.100 metros de altitud, apenas unos 200 por debajo del pico más alto (pero a varios kilómetros de distancia de él). Paramos en este lugar durante 20 minutos para la comida y a continuación comenzamos el descenso por la misma pista. Llegamos a un punto en el que, para atajar, dejamos la pista forestal y continuamos monte a través, entre pinos, arbustos y piedras, hasta llegar a alcanzar de nuevo mucho más abajo, la pista de tierra, en un punto donde se encuentra el aljibe, y donde estaban los miembros del primer grupo (los que habían seguido por la pista desde el principio) esperándonos.

Seguimos bajando por la pista y aligeramos el paso pues empiezan a caer algunas gotas de lluvia que podrían convertirse en una tormenta pero que, afortunadamente no pasaron de ser eso: unas cuantas gotas. Pasamos junto a otro aljibe de recogida de aguas que parece estar restaurado hace poco. Dejamos la pista y cogemos la "senda que no es senda" que baja de nuevo hasta llegar a las salinas y la explanada donde está el autobús. Hemos hecho en total 10,7 kilómetros. Son las 14.40 horas.

Completamos el viaje, y ya fuera de las actividades de senderismo (aunque algo tuvimos que subir para llegar), con una visita guiada al Monasterio de Santa Ana de Jumilla, donde un sacerdote franciscano nos muestra y explica la gran cantidad de reliquias del museo y los cuadros y objetos de gran valor histórico de las demás dependencias y de los jardines. Todo ello muy acelerado por la cantidad de personas que íbamos y por la falta de tiempo, pues creo yo que para ver y asimilar todo lo que aquí se guarda haría falta un día entero (si no más).

1 comentario:

Javier dijo...

Buenas.

Somos un matrimonio oide Asturias y tenemos un apartamento en Águilas. Conocemos el restaurante "El estanco" también conocido como "LA venta del huevo" pero no tenemos su teléfono.
Usted nos lo podría decir si lo tiene.

Un saludo y gracias por adelantado.

Javier.
capmarv@hotmail.com